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Resumen del semestre

Agosto del 2010: mes en el que comenzó mi aventura en el mundo del periodismo. Diciembre de 2010: mes en el que terminé el primer semestre de mi asombrosa carrera. El primer semestre de la carrera de periodismo en el Centro Universitario del Sur, resumido en tres meses tirándole a cuatro, dejó en mi corta vida muchas satisfacciones y experiencias. Amigos, clases, profesores, conferencias, viajes y aventuras son un ejemplo de lo vivido en el semestre. 
                Creo que mi experiencia en la escuela ha sido como un viaje antropológico, una especie de trabajo de campo etnográfico en el que al principio tuve que emprender una serie de labores:
Adaptación: Para un chico provinciano, que nunca ha salido de su casa y de su pueblo, la idea de mudarse a una ciudad para estudiar la universidad suena media loca. Vivir solo, sin tu familia, y todo lo que ello implica (lavar y recoger tus cosas, hacerte cargo de una casa) es todo un reto. Aprenderse las rutas de los camiones fue otra labor que tuve que emprender para dejar de preguntar cada que me subía a un camión “¿va al seguro?”.  Otra cosa a la que me enfrenté fue a la cultura y el modo de ser de las personas. En Santa Cruz, es común saludar a todas las personas, incluso por su nombre, dado que casi todos los habitantes nos conocemos. En la ciudad, en cambio, las prisas y el estrés son cosa de todos los días, y no hay tiempo siquiera para un “buenos días” o una sonrisa.  Con todo, mi proceso de adaptación, después de un tiempo, fue algo que superé con éxito.
Organización: Este fue un aspecto básico que tuve que enfrentar. El tiempo se vuelve algo que es indispensable organizar, y repartir entre escuela, tareas, alimentación, tiempo libre… y Facebook. Éste último se convirtió en el enemigo (y creo que de muchos estudiantes) contra la escuela y los quehaceres domésticos. Aún no me queda claro cómo es que ese mounstro devorador de tiempo llamado Facebook absorbió tantas horas de mis días. En serio, no sé, cada mañana, al despertar, decía: “sólo voy a checar mi perfil” y en un abrir y cerrar de ojos ya habían transcurrido cuando menos dos horas. Entre clicks en “me gusta”, comentarios, solicitudes de amistad y cambios de estado pasaban las horas, y debo confesar que me volví todo un “adicto al face”. La estancia en Guadalajara con motivo de la FIL fue algo que me ayudó a “dejar el vicio”.  Fuera de eso, la organización fue algo que me sirvió para ser más ordenado y aprender a vivir solo.
Subsistencia: La subsistencia más primitiva a la que se enfrentan los estudiantes forasteros es la alimentación. Por fortuna eso no fue gran problema para mí: la cocina es algo que siempre me ha gustado, y aunque no soy un chef, me alegra saber que por lo menos mis guisados son comestibles. La subsistencia más dura a la que no solo yo, sino todos los estudiantes se enfrentan es la de la permanencia en la escuela. Me dio tristeza ver que el filtro resultó ser muy efectivo, por que en tan sólo un semestre de clases nuestro grupo de 43 jóvenes imperativos se convirtió en uno de 30 y tantos. Bien leí en la Gaceta del Cusur que más de la mitad de los estudiantes que abandonan la escuela lo hacen entre el primer y el segundo semestre. Qué lástima, la verdad. Qué cruel, también, suena la idea que se nos presentó al iniciar el semestre: “entre más personas se salgan de la escuela, va a haber menos competencia para los egresados”. Esa ideología económica-egocéntrica me parece una verdad amarga. Al mismo tiempo, es como una cobija de dos vistas, un doble discurso: por un lado los enormes esfuerzos por evitar la deserción escolar, con millones de pesos invertidos (según eso, claro) en educación, pero por otro lado, el yoísmo y el egoísmo se hacen presentes y al final de cuentas sólo importa que tú, sólo tú, y nadie más que tú (soné como a canción de Consuelito Velázquez) consigas empleo a costa de lo que sea. La amistad, la convivencia y todas las cosas bonitas terminan siendo sólo hipocresía porque en realidad el único que importa eres tú. El famoso refrán “no confunda la amistad con el negocio”, tiene muchas aplicaciones. ¿En realidad es así? ¿La vida es una incesante batalla por la subsistencia en el que lo único importante es tu propia subsistencia? Al parecer, la amistad y lo que ello implica son sólo distracciones o diversiones pasajeras mientras llegas a tu exitoso y glamoroso destino final. Quizá soy demasiado ingenio, y mis preguntas absurdas, y aún más ñoño al atreverme a decir que yo sí creo que hay otra manera de hacer las cosas, y que la amistad no es sólo un simple pasatiempo, y por eso, me preocupa y me llena de tristeza que un amigo mío tenga que abandonar la escuela. En algunos casos, puede ser que tenga planes diferentes, que la carrera no le haya gustado y quiera entrar a otra, o que simplemente sea un hijo de papi que tiene la vida arreglada, pero en otras ocasiones, muchas veces mayoría, el joven estudiante lleno de sueños tiene que abandonar la escuela por falta de dinero. “¡Yuppi! Otra persona más que se sale. Mejor para mí. Más trabajo. Yo por él. Pero aquí lo que funciona es la supervivencia del más fuerte.” Ahí le dejo. Cada quien saque sus reflexiones.
                Al final, entre más preguntas me hago más confundido me quedo. Creo que me desvié un poquitín de mi idea central. La subsistencia es algo que está y seguirá estando presente toda nuestra vida, y ahora, en universidad, mi tarea vital es subsistir y lograr terminar mi carrera. Ya acabé de empezar, y ahora, el segundo semestre se abre en mi horizonte, esperándome, junto con el futuro misterioso lleno de incógnitas (¡Ni que Mizada ni que ocho cuartos!). Espero que Dios me ayude para no verme obligado a truncar mis estudios por falta de dinero, porque aún queda Pepe para rato.

                Y bien, así fue el primer semestre de mi aventura universitaria, y también de mi aventura como “amo de casa”. Las dos me han encantado. Es imposible resumir tantas cosas en una entrada de blog, pero aquí dejo mi experiencia semestral en una especie de resumen-crónica-antropológica-choreada-fumada-historia de mis chocoaventuras. Segundo semestre, ahí voy.


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