Hace frío. Estoy sentado en un camión de pasajeros. Voy a mudarme de casa. Y estoy aquí, con los dedos entumecidos, con la computadora brinc...

2010

Hace frío. Estoy sentado en un camión de pasajeros. Voy a mudarme de casa. Y estoy aquí, con los dedos entumecidos, con la computadora brincando con los baches de la carretera, escribiendo la última entrada de este maravilloso 2010 en mis Apuntes de Bolsillo. Al frente del camión, en el horizonte, se devisa la postal del volcán y el Nevado, paisaje que me ha acompañado durante toda mi vida, como un testigo mudo de mi historia. Me ha visto crecer, entre rodillas raspadas y juegos de escondidillas; me ha visto llorar, entre balcones solitarios y corazones quebrantados; pero también me ha visto reír, entre bromas con amigos y aplausos conmovidos. El tiempo tiene la particularidad de parecer tan lento cuando queremos que vaya rápido, y pasarse corriendo cuando queremos que vaya lento… Muchas veces, cuando niños, solíamos decir: “ya quiero ser grande, ya quiero crecer”. Otras veces, sin embargo, oímos a nuestros padres o abuelos decir: “qué rápido pasó el tiempo, ya quisiera que los años no pasaran…”. Es difícil pensar que hace un año, estábamos terminando el 2009. Parecen tan lejanos los recuerdos de toda la familia reunida, esperando llenos de esperanza el 2010, pero también parece como si ese día hubiese sido ayer. Hace un año, en enero, me preparaba para iniciar el sexto semestre de preparatoria. Hoy, me preparo para iniciar el segundo semestre de Periodismo. Qué rápido, y a la vez que lento.
Este año que termina, trajo para mí muchas satisfacciones. Primero que nada, estoy vivo. La vida me ha regalado un año más, una oportunidad más de seguir adelante, de luchar por mis ideales. Después, mi familia está bien. Tenemos de menos lo necesario, salud, mas o menos, pero unión y amor no nos falta, y eso es algo que agradecer a Dios. Luego, tengo amigos. Amigos que valoro y que aprecio, y de los que espero reciprocidad. En este año conocí muchas personas que sin duda marcaron mi vida, y que me ayudaron a superar mis inseguridades. Me refiero a mis amigos del Preseminario, que en este año conocí y me enseñaron a valorar a mi familia, pero también me enseñaron a tomar decisiones, a madurar como persona y a quererme a mí mismo. Mis amigos recordarán la importante decisión que tomé en este año: entrar o no al Seminario. Éste fue un proceso que requirió meses de reflexión, momentos de desesperación y escucha interior, pero también fue una etapa de mi vida que me permitió conocer a varios de mis mejores amigos, quienes me brindaron su apoyo y sus consejos ante mis dudas. Otra cosa que viví en este 2010, fue mi trabajo en el DIF. A través del año viví muchas experiencias con mis amigos del DIF Tamazula, y entre concursos, programas de televisión con los difusores, pláticas en las escuelas y obras de teatro con títeres.
En este momento ya no tengo frío, no estoy sentado en un camión ni tengo los dedos entumecidos. Ya es de noche, estoy en la cocina de mi casa, comiendo flan y escuchando música, y reanudo ahora mi última entrada de mis Apuntes de Bolsillo antes de que el año termine. Ya van a ser las diez de la noche. Vamos.
En toda noche de 31 de diciembre las emociones se ponen a flor de piel. Los propósitos de año nuevo se anotan rápidamente, las uvas se preparan, y… ¿saben que? ¡Al diablo! Ya son las 10 y media y en vez de estar conviviendo con mi familia aquí estoy como turulato escribiendo mis nangueras. Me voy. Mañana le seguiré.
FELIZ AÑO NUEVO A TODOS.


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