Siempre es un placer escuchar a Don Hugo Gutiérrez Vega. La primera vez fue al empezar el primer semestre de la carrera, cuando todo asustad...

Tertulia con Hugo Gutiérrez Vega.

Siempre es un placer escuchar a Don Hugo Gutiérrez Vega. La primera vez fue al empezar el primer semestre de la carrera, cuando todo asustado y sin conocer a nadie, fui seleccionado junto con 7 de mis compañeros para ir a Guadalajara a una de sus cátedras. La segunda vez fue cuando junto con Carmen Aristegui, nos brindó una agradable plática a mis entonces orgullosos compañeros de Periodismo. La tercera vez fue el pasado 25 de febrero, fecha en la que visitó el CUSur para ser homenajeado y para que la biblioteca de la escuela fuera bautizada con su nombre. Y ya, aprovechando la visita, Hugo Gutierrez nos ofreció una deliciosa charla sobre Literatura, sobre Añoranzas y sobre Putas. 
     No sé si se hayan fijado que siempre se sigue un protocolo cuando se escucha una plática interesante: todo mundo sentadito, a lo mejor con la pierna cruzada, una mano en el mentón, pero eso sí, todos con la cabeza ligeramente inclinada, yo digo que como unos 20 grados. Me he dado cuenta que cuando alguien te escucha con  la cabeza inclinada, es, o porque está medio chueca, o porque te está haciendo caso y poniendo atención. Y el evento no era para menos, porque escuchar a Hugo Gutiérrez Vega siempre es de lo más interesante.
     El círculo literario fue exquisito: Gutiérrez Vega nos contó su historia a través de los poemas. Varios alumnos de la escuela leyeron poemas maravillosos, unos de su autoría, otros sacados de algún libro de un poeta famoso, pero todos con una gran historia que contar. Al terminar de leer cada poema, Hugo Gutiérrez derramaba un poquito de su sabiduría sobre los fieles discípulos que lo escuchábamos. Entre versos y sonetos fluyeron las narraciones, y así nos enteramos de la niñez de Hugo, una niñez vivida en un Guadalajara inexistente hoy en día, un Guadalajara en que sólo habían 600 mil habitantes, un Guadalajara tranquilo y sereno de los años 40. Hugo vivió su niñez en una casa grandota y vieja, en la que hubo pobreza pero también alegría, y en la que aprendió muchas cosas de su abuela, una persona irónica y franca que tenía una peculiar forma de ver la vida. 

       Es sorprendente ver cómo hasta las grocerías se oyen poéticas dichas por Hugo Gutierrez Vega. Al reflexionar sobre un poema de Sabines de Letanías, en que se habla de canonizar a las putas, Gutiérrez Vega contó historias muy divertidas.
     No sé a ustedes, pero yo quisiera tener de abuelito a Hugo Gutiérrez Vega, ese viejito curiosito y abrazable que combina ternura con sabiduría, y que tendría un millón de historias que contarme todas las noches, antes de irme a dormir.


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