Era de noche y hacía calor. Estábamos sentados alrededor de la alberca sin agua, contando los meses que nos quedaban por vivir de esa experi...

Realidades

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Era de noche y hacía calor. Estábamos sentados alrededor de la alberca sin agua, contando los meses que nos quedaban por vivir de esa experiencia llamada intercambio estudiantil. Hablábamos de lo que sería 'volver a la realidad' cuando regresáramos de Mérida a nuestras respectivas vidas. Arlette a Guadalajara, yo a Santa Cruz, Daniel a Aguascalientes, Juan Miguel a Tecalitlán, Jessica a Ciudad Guzmán, Perla a Zacatecas. Y Perla dijo:

-No se trata de volver a la realidad. Yo creo que esta es nuestra realidad-.

No recuerdo si esas fueron las palabras que dijo exactamente. Pero recuerdo el espíritu de lo que significaba: todo lo que pases en tu vida forma parte de tu realidad. Una sola línea temporal, una sola realidad. No recuerdo exactamente las palabras que dijo, pero recuerdo que fue algo que me marcó.

Desde entonces, no puedo dejar de pensar en eso cada que alguien, de vacaciones, habla sobre cómo pronto se tendrá que volver 'a la realidad'. Como si mi vida fuera una mierda total con pequeños esbozos de momentos felices. Como si esa en realidad no fuera esa mi realidad, no fuera mi vida de verdad, sólo un escape.

Bajo esa perspectiva, actualmente es muy fácil hacer una descripción de 'mi realidad'.

Hombre, 25 años, gay. Trabaja de lunes a viernes como reportero. De 10 de la mañana a 8 de la noche. A veces más tarde. Los fines de semana lava su ropa y hace limpieza a su casa. También ve series.

Podríamos hacer una descripción de mi realidad de forma más mercadológica:

Soy el nicho de mercado del negocio de la nostalgia que me vende remakes de películas de mi infancia yediciones retro de consolas de videojuegos. Soy ese lector de ciencia ficción que busca novelas de culto para sentir que conoce cómo será el futuro del mundo. Tengo un poco de ese tipo que se cree sarcástico e irreverente por darle like a viñetas de personajes que se quejan de su vida y tienen problemas existenciales. Soy el superficial que llora con las canciones de Coldplay, y el que se siente patéticamente conectado con sus raíces sólo por escuchar a Lila Downs.


O si preferimos, un perfil histórico más produndo:

Hijo de un alcohólico y una epiléptica que en algún momento también se volvió alcohólica. Engendrado antes del matrimonio pero nacido después de él. Traumado por el recuerdo de la violencia en la pareja y con el instinto de proteger a su hermana pequeña. Eventualmente, uno más de entre millones de niños con papás divorciados. Esos acontecimientos definirían su vida abstemia. Adoptado por una tía y su abuelo paterno, quienes están casados. Su abuelo es ciego. El adoptado de un ciego y una ama de casa. Criado en un pueblo, emigrante, inmigrante de la ciudad. Quería estudiar una carrera para ver si eso le facilitaba la vida. Por eso siempre fue nerd. Demasiado. Ahora comprende que con razón era bulleado. Estudió periodismo porque eran sólo 4 años de estudio y no 5 y pensó que podría pagarlos más fácilmente. Después se dio cuenta que en realidad siempre quiso ser periodista.

Podemos hacer la descripción de 'mi realidad' basados en mi historia en el amor:

Pasó desde la secundaria hasta la mitad de la carrera negando su identidad. Jugando a ser heterosexual. Preguntándose qué por qué a él. Pensando que acostarse con hombres era una cosa que podía remediarse en el momento que se quisiera. Hasta que descubrió que negar su sexualidad era negar su personalidad. Si Dios lo había hecho como era, negar su sexualidad era negar su Creación. Eso lo pensó él sólo, ningún cura se lo dijo. Ellos sólo recitaban sermones sobre la condenación cuando iba a misa. Esquivó las relaciones por el miedo al qué dirán. Algunos años después se enamoró de un aspirante a seminarista con los mismos dilemas religiosos que él pero en su pubertad. Pero ya tenía 27 años. Terminaron porque al final se hizo seminarista. Ahora piensa que su fe no existe. O al menos, está en una crisis que no tiene ganas de atender. Ahora enfrenta el duelo.


Podemos analizarme por mis esterotipos cumplidos. Considero que todos somos una mezcla de una variedad de clichés mezclandos en distintas proporciones:

Yo, por ejemplo, soy el ñoño que se mataba en la escuela por tener buenas calificaciones. Soy un poco del hipster que se cree mucho porque escucha música 'diferente'. Tengo una parte del mexicano que hace todo a última hora, que es impuntual y que improvisa soluciones temporales para sus problemas. Soy el que jotea y se emociona por los últimos lanzamientos del pop y sigue de cerca las peleas de Taylor Swift con sus exnovios. También soy el millennial que quiere tener un trabajo, aprender mucho de él y después de unos años dar el salto a un empleo más emocionante. Y esos son sólo algunos de mis esterotipos.

Pero, en realidad, toda mi vida ha sido un viaje. Y sólo al ver todo el panorama encuentro sentido. Viajé cuando fui adoptado. Viajé cuando dejé mi casa para estudiar la universidad. Viajé dentro de ese viaje para un intercambio. Y ahora viajo cuando vacaciono o cuando trabajo. Y no puedo pensar que escapo de la realidad.


A los elementos fríos de mi 'realidad' podemos añadir:

Reportero, consiguió su trabajo haciendo un viaje. Hijo de divorciados, encontró una familia nueva en un viaje. Estudiante, viajó a otra ciudad para forjar su mente. Estudiante, viajó a otro estado para encontrarse a sí mismo y reconciliarse finalmente con su identidad. Humano, encontró música y personas viajando. Se enamoró tras un viaje que lo llevó a otra ciudad. Y ahora, más recientemente, se confronta a sí mismo cada que viaja a otros países, busca humildad observando el modo de vivir de la gente de otros lugares y dándose cuenta de la inmensidad del mundo y la gente. Intenta adaptarse y se imagina cómo sería viviendo en cada lugar. Se cuestiona su futuro y pone atención a los pensamientos que normalmente se obstruyen.

¿Se viaja para escapar de la realidad? No. Mi realidad se construye mientras viajo.



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