Ser un hombre

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Al menos WikiHow muestra resultados sobre como 'dibujar' un hombre.

"A man provides. And he does it even when he's not appreciated, or respected, or even loved. He simply bears up and he does it. Because he is a man."
Gustavo Fring a Walter White; Breaking Bad.

Ciudad Guzmán, 2014, mi casa de estudiante universitario. Yo viendo Breaking Bad en pijama, recién egresado, buscando un plan para la siguiente estapa de mi vida. Mi abuelo y papá adoptivo diagnosticado con cáncer. Mis torpes ilusiones de tomar un año de nini, tiradas por la borda. Órale. Una responsabilidad. Ya no era simplemente yo. Desde ese momento, eran mis papás y yo. No podía ser nini. Tenía que trabajar. Iba a proveer. Iba a convertirme en un hombre.

Cuatro años después de ese momento, en la Ciudad de México, la frase de Gustavo Fring vino a formar parte inconsciente pero constante de mi 2018. Tres años viviendo en la ciudad, tres años en el mismo empleo y en la misma casa vinieron a darle a mi estadía algo que había estado esperando, porque tan gratificante es la aventura como la estabilidad cuando se consigue después después de tantos altibajos. Me encontré, al fin, con la zona de confort. Trabajo, casa, repeat. Mantener a mi familia. Todo un hombre, al menos desde la definición de Gustavo Fring.

De chiquito, alguna vez, me dijeron que los niños no lloraban. Que no jugaban a hacer pastelitos de lodo. Mi abuelo, un día que estaba borracho, me dijo que si le salía joto me desheredaba. Lo escuché con aprensión y le juré que no. En realidad quería poner todo de mi parte. Pero lo decepcioné. Salí maricón. ¿En dónde quedó mi hombría entonces?

En pleno frenesí por Ezra Miller y sus cosplays de Toadette, en medio de la discusión de la masculinidad frágil, de las otras masculinades y de los raps de Sailorfag, algo de todo salpicó a mi vida mientras ciertos acontecimientos iban tomando forma a mi alrededor en el año.

Se descompuso la estufa. Se descompuso la lavadora. Me quedé sin agua por una fuga. Tuve que arreglar problemas de adulto aburrido mientras me esforzaba por tomar a tiempo el metro al trabajo y seguir llegando a la quincena con los gastos extra imprevistos. Mis primeras semanas de estudiante universitario, donde anhelaba el fin de semana para correr a la comodidad de mi familia y su sustento, cariño y cobijo quedaron atrás. Por otro lado, mis 26 años cumplidos y la barba que este año descubrí que me crecía más, confirmaron que ya era adulto. Confirmaron que ya era un hombre. El hombre de la casa.

Más adelante, le rompí el corazón a un muchacho que quiso salir conmigo y a quien creí que podría corresponder, sólo para descubrir que en realidad todavía no había superado por completo a mi ex, seis pinches meses después. "¿Es de hombres ilusionar a alguien así?", me cuestioné. Hmm.

Me eché a correr el 10 de mayo cuando, cerca de mi casa, un par de rateros estuvo a punto de asaltarme. Iba con un amigo y él no alcanzó a correr. Le quitaron su ropa sucia que llevaba a lavar a mi casa, así como su cartera y su celular. Me salvé por instinto, algo, un microsegundo antes, me advirtió que esos señores no estaban sentados en esa banca por mero esparcimiento. Pero no pude hacer nada por mi amigo. 10 de mayo, día de las madres. Dos rateros que se sentían muy hombres.

Meses después, me contó mi papá por WhatsApp que asaltaron la micro en la que iba a su casa. "Ya valieron verga hijos de su puta madre". Uno de los pasajeros se le enfrentó al ratero. Le quiso quitar la pistola. Forcejeraron. Una muchacha gritó que lo ayudaran. De pronto se oyó un disparo y el pasajero lanzó un grito ahogado. Cayó al piso. El ratero se bajó corriendo. La muchacha gritó y le reclamó al resto del pasaje por no haberlo ayudado. Les dijo cobardes. El chofer de la micro condujo lo más rápido que pudo hasta que encontró una patrulla. Llamaron a la ambulancia pero el pasajero estaba muerto. Hombres muriendo a manos de hombres, hombres sacando coraje de su impotencia para enfrentarse mientras hombres con miedo fueron testigos de la injusticia. Uno de esos hombres fue mi papá. Ese hombre muerto pudo ser él.

Camino a casa, rumbo a un evento, paseando por las calles, este año la Ciudad de México me mostró a sus hombres en muchas formas distintas. Vi a adolescentes agarrados de la mano caminando en la noche. Vi a hombres sudorosos regresar del trabajo con la mirada cansada. Vi a los hombres festejando por su selección tras el México-Corea en el Ángel de la Independencia. Vi, ese mismo día, a los chacales lanzando mirando lascivas en la marcha gay. Vi hombres vestidos de mujer, vi hombres con bota y sombrero. Vi el anhelo por una relación estable tras mucho tiempo de soledad en los ojos de algunos de los chicos con quienes salí. Vi la mirada salvaje de quienes solo querían coger. Vi a los cholos presumiendo su virilidad con su lenguaje corporal y verbal. Vi hombres con bíceps marcados en el gimnasio y también hombres con panzas enormes levantando pesas con el mismo brío. Vi padres de familia regañando a sus esposas, vi a novias gritando a sus novios en público. Vi a hombres llorando en conciertos, y también a otros sonriendo en el cine. Y me vi a mi mismo en todos ellos, lanzando cuestionamientos al aire contaminado de la ciudad.

¿Es hombre el que embaraza o el que cría? ¿Es hombre el que mantiene o el que huye? ¿Es hombre el que se acuesta con otros hombres? ¿Es hombre el que exhibe su hombría para amedrentar? ¿Qué tan hombre es el asalta y el que mata?  "A man provides", decía Gus. ¿Pero qué pasa si tu método de proveer es robando a otros? ¿Qué te hace seguir siendo hombre en un segmento social que te rechazaría por gustarte los hombres? ¿Se puede ser hombre y tener miedo? ¿Se puede ser hombre y ser cobarde? ¿Hasta dónde terminan las definiciones y comienzan las ansias por pertenecer?

¿Qué tipo de hombre he sido? ¿Qué tipo de hombre querían que fuera? ¿Qué tipo de hombre soy? ¿Qué tipo de hombre puedo llegar a ser?

Esas preguntas, sin esperarlo, se convirtieron en la búsqueda de mi 2018. Y, después de ver a los hombres de la ciudad, de ver al hombre que veo cuando observo al espejo y convivir con los hombres que han formado parte de mi vida, comencé a descubrir que la respuesta era irrelevante. He visto a mi padre tener miedo y llorar. He visto a mis amigos jotear. He visto a mi abuelo ciego sacarme adelante sin ser su responsabilidad. Las masculinades, concluyo, ya estaban en evolución desde mucho antes de los trending topics del 2018.

Ahora, lo que me importa, es seguir trabajando en el tipo de ser humano que quiero llegar a ser.

Sigo en mi construcción.

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