La Cuarta Transformación

Traigo atorada esta entrada de blog desde hace meses. Más precisamente, desde el 24 de febrero, que me mudé de casa y dio comienzo así la Cuarta Temporada de esta, su novela favorita, Pepito se muda a la CDMX.

Hasta antes de ahí, todo había salido muy bonito y estaba cumpliendo mi propósito de escribir una entrada cada dos semanas. Ya sé que nadie las lee, de todos modos, pero una de mis metas del 2019 era escribir más en este blog. Al menos como bitácora, al menos para llevar la cuenta de mis días, para recopilar en palabras lo que no se borra en 24 horas en una historia de Instagram, para regresar meses o años después a leerme y sonreír. Pero fallé.

Lo cierto es que no han sido meses fáciles. Parece que ya es costumbre que por marzo-mayo me ocurran toda clase de cosas de adulto. El año pasado fue que se descompuso el refri, se descompuso el boiler, se rompió el tubo del agua y más cosas así, aburridas pero que ah cómo hacen que uno gaste dinero. Y este año no se está quedando atrás.

Feliz tras haber llegado de unas vacaciones con Majo, llegué a mi casa a inicios de febrero para enterarme que Germán pensaba abandonarla. Su colegiatura había subido y una amiga le ofrecía una renta de mil 500 pesos, más lejos de donde vivíamos pero que sí podría pagar. Baby Luis también se iba, cansado de madrugar y tomar el metro hasta la UNAM todos los días, porque le quedaba lejos. Quedaríamos tres en la casa, pero quizá no por mucho tiempo, porque Cucho quizá se regresaba en unos meses a Colombia.

Ustedes quizá sepan de qué hablo: vivir con roommies es un arte que muy pocos logran dominar. Y ahora, después de más de dos años, la estabilidad que tan precariamente había conseguido establecer estaba a punto de derrumbarse. Eso sin contar que Germán, que se ha convertido en mi mejor amigo en la ciudad, se iba a ir.

Por esos mismos días, una amiga del trabajo me recomendó un departamento que iba a desocupar una amiga. 7 mil 800 pesos contra 9 mil 500 de nuestra renta en ese momento. Ubicado a una estación de metro de mi trabajo. Chiquito, desde luego, en comparación con nuestra casa, pero con potencial. Y nos mudamos.

Dejé la casa en el barrio de CTM Culhuacán que me acogió desde que llegué a la CDMX, aquel ya lejano noviembre de 2015. Hice más maletas de las que pensé que tendría. Tiré más cosas de las que pensé que almacenaba. Germán, Laito, Cucho y yo. Una nueva etapa. El inicio de mi Cuarta Temporada.

Ustedes quizá sepan de qué hablo: es muy difícil medir el tiempo cuando uno sale de la escuela. Como siempre he sido un ridículo inventado, étereo, místico y supersticioso, me gusta dividir mi vida en ciclos. Para algunos es cada año, con las campanadas del feliz año nuevo y las uvas comidas con prisa. Para mí era cada semestre de la universidad, donde llegaba renovado y con ganas de cumplir nuevos objetivos en mi vida. Tras egresar todo se volvió más complicado, sin hitos naturales que me indicaran que había un nuevo ciclo.

Mudarme a la CDMX fue sin dudas el comienzo de una temporada nueva en mi vida. Cuando, cinco meses después, me tocó buscar roomies de la nada porque los anteriores se habían ido, fue otra etapa. En agosto de 2017, cuando terminó el primer y único noviazgo que he tenido, definitivamente fue el comienzo de otra temporada. Hasta me corté el pelo y todo. (Nocierto, nomás me metí al gym como dos meses).

La Tercera tuvo de todo: viajé solo por primera vez y en mi cumpleaños a otro país, lloré mucho en los sismos de septiembre y después de ellos, enfrenté el duelo, viví desde lejos cómo le amputaban una pierna a mi abuelo, redescubrí mi pueblo y a mi familia, conocí Corea y, sobre todo, me cuestioné una y otra vez el significado de ser un hombre.

Así pues, ahora les escribo desde mi Cuarta Transformación, AKA la Cuarta Temporada de mi vida en la CDMX. Y lo cierto es que además de la mudanza, esta temporada ya ha tenido lo suyito.

Mi jefa renunciando al trabajo y yo convirtiéndome en el nuevo editor de mi sección en el periódico. El nuevo casero requiriéndonos 2 depósitos del departamento para omitir nuestra carencia de aval. Todos los roommies de malas los primeros días donde todo era un desmadre y cajas por acomodar. Muchos gastos: la mudanza, las últimas facturas de la casa antigua, las facturas nuevas del nuevo departamento, el ropero para mi ropa, la instalación de la lavadora, el tendedero para la ropa, la licuadora. Mucho trabajo en el periódico, muchos recortes en medios de la ciudad y también en el mío, incertidumbre en la industria, quedarme hasta las 2 am escribiendo en la redacción.

A veces es muy difícil seguirme creyendo que estoy tomando las decisiones adecuadas al vivir acá. Hay días malos. Hay noches donde se cae el cielo y la ciudad colapsa; hay otros donde no llueve y el smog hace que se pierdan los edificios y respiremos mierda. Hay días donde amo mi trabajo y otros donde me asfixia hasta la desesperación. Hay días donde me siento muy contento por todo lo que hago y mis planes y otros donde todo es desmotivación y sólo me pregunto por qué fregados sigo acá. Hay días donde disfruto mucho estar solo y bailar mientras hago chilaquiles y otros donde la soledad me abruma. Días donde lo único que quisiera sería estar en mi pueblo, viendo los árboles, escuchando los insectos en la noche y acompañado de mi tía, mi abuelo y mi hermana. De algo podría trabajar. Así lo han hecho varios amigos de la carrera, contentos en su tierra y sentando cabeza.

¿Si mi vida realmente fuera una novela, cuál sería mi arco narrativo? ¿Estaría evolucionando de verdad o me quedaría atorado en una etapa? ¿Por qué decidiría estar lejos de mi familia, de mis amigos y de mi casa? Ni siquiera estoy ganando mucho dinero. Ni siquiera es como si no hubiera tenido más opciones.

Allá afuera hay amigos casándose. Hay amigos teniendo hijos. Hay amigos con relaciones de años. ¿Estaría igual de haber seguido en mi pueblo? ¿Estaría ya por casarme? ¿Estaría pensando más en la casita que podría comprar y menos en cómo llegaré a pagar la renta del siguiente mes? ¿Estaría aprendiendo más a vivir en pareja y menos en cómo mejorar mis habilidades en el Super Smash?

¿Seré capaz de encontrar a alguien con quien compartir mi vida, lo que soy y lo que quiero llegar a ser? ¿Será buena mi decisión de no quererlo ahora? Pero entonces, ¿cuándo?

Tengo sueños. Quiero estudiar una maestría en otro país. Quiero mejorar cada día y ser mejor periodista. Quiero aprender portugués y también programación. Con eso último ya empecé. Con la maestría, más o menos. De menos ya apliqué a una beca que llevo años soñando y más años de estar posponiendo. También quiero escribir más, conocerme más, disfrutarme más, aprender más de mi trabajo, de lo que esta ciudad tiene para mostrarme y de lo que puedo compartir con mis roommies, que se han convertido en mis hermanos en esta etapa de mi vida.

El otro día hablaba por teléfono con Lalo, mi mejor amigo, desde Guadalajara. Conservar esa amistad a pesar de que casi no nos vemos en persona es mi mayor orgullo.

"Últimamente he hablado con muchos amigos y siento que todos estamos valiendo verga de una forma u otra", dijo.

"Pero, ¿sabes? A veces siento que muy pocas veces nos damos cuenta de las pequeñas batallas que ganamos cada día. Si estuviéramos más acostumbrados a ver en retrospectiva y comparar con quienes somos ahora, otra cosa sería. Yo, por ejemplo, no soy la misma persona que era el año pasado. Y yo creo que tú tampoco".

 Y eso, amigos, es lo que espero descubrir en esta Cuarta Temporada.

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